El consumo excesivo de azúcar y sal en Latinoamérica, un problema que requiere pronta solución

Si bien el consumo de sal, grasa o azúcares eventualmente puede ser necesario para una dieta balanceada y saludable de cualquier persona, el abuso de productos con alto contenido de esos elementos puede convertirse en factor de riesgo para el aumento de peso, la obesidad, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares, entre otras afecciones. En Latinoamérica, el consumo de azúcar y sal alcanza unas proporciones alarmantes que atentan contra la salud pública de esta parte del mundo. Miles de personas mueren cada año o ven afectada su calidad de vida debido a las complicaciones que trae consigo el consumo excesivo de productos azucarados, grasas saturadas o con alto contenido de sal o sodio.

Latinoamérica es la región, según el informe Perspectivas agrícolas 2018-2027 de OCDE y FAO (2018), de mayor consumo de azúcar per cápita a nivel mundial. Sin duda alguna es una situación preocupante que empeora exponencialmente porque el consumo de productos con alto contenido de azúcar muestra una tendencia al alza, de allí que se requieran medidas urgentes que hagan frente a dicha problemática. El consumo tanto de azúcar como de aceite vegetal, según el mismo informe antes citado, continuará aumentando en la región a un ritmo que para los expertos también será mayor al presentado décadas anteriores. Cabe anotar que en la región latinoamericana también habrá un aumento en la disponibilidad calórica, de la cual el 18% de su total provendrá de azúcares, aceites vegetales y sal o sodio. Por lo tanto, lo anterior tendrá como consecuencia natural una serie de implicaciones negativas sobre la salud de las personas como, por ejemplo, el aumento de peso o la obesidad.

La obesidad es una suerte de desequilibrio que se presenta entre el consumo de alimentos y el correspondiente gasto energético de un individuo. Debido a ese desequilibrio hay una acumulación, en ocasiones excesiva, de grasa corporal la cual representa múltiples riegos para la salud en general. En el mundo contemporáneo hay altas tasas de obesidad debido a factores diversos entre los que cabe destacar el sedentarismo y los malos hábitos alimenticios. En Latinoamérica, por desgracia, también los niveles de obesidad en la población son altos. Según el documento Panorama de la seguridad alimentario y nutricional en América Latina y El Caribe de FAO y OPS (2017) esto se debe a que en la región ha habido unos cambios sustanciales en los patrones de alimentación. Por ejemplo, el ciudadano latinoamericano en la actualidad tiene mayor disponibilidad y acceso a los denominados productos ultraprocesados, los cuales tienen altos niveles de grasa, azúcar y sal. Además de lo anterior, en la región se ha disminuido notablemente la preparación saludable de alimentos, una costumbre que alguna vez fue tradicional y que poco a poco se ha ido perdiendo, según FAO y OPS (2017).

En ese sentido, teniendo en cuenta el alto consumo de productos con sal y azúcar en Latinoamérica se entiende la alta tasa de las denominadas enfermedades no transmisibles, estas son aquellas que, si bien no se pueden transmitir de individuo a individuo, es decir, no son contagiosas o infecciosas tiene un impacto negativo fuerte sobre la población y su tratamiento genera altos costos. Entre las enfermedades no transmisibles se encuentra, naturalmente, la obesidad. Por lo tanto, debido a la incidencia mundial del fenómeno en el año 2013 se elaboró una estrategia encaminada a hacerle frente a la problemática.

A esta estrategia se le denominó Plan de acción mundial para la prevención y el control de enfermedades no transmisibles, a partir de este plan se buscó cumplir nueve metas de carácter voluntario para mitigar los efectos sobre la salud pública de las enfermedades no transmisibles (FAO y OPS, 2016). Una de las metas dispuestas llama la atención porque pone de relieve la necesidad de urgente de disminuir el consumo de productos con altas cantidades de sal. Según esta meta es imperioso reducir en un 30% la ingesta por día de sal o sodio, es decir, expone la peligrosidad que implica el abuso en la ingesta de dicho elemento.

Aunque, dicho sea de paso, no solo la obesidad es un problema derivado de los malos hábitos alimenticios también la desnutrición puede darse como consecuencia de una mala alimentación o una alimentación desbalanceada. Por tanto, es necesario una estrategia encaminada a erradicar estos problemas, aunque sino erradicarlos por lo menos mitigar su impacto. Es decir, se precisa establecer patrones de alimentación saludables que contribuyan al mejoramiento del estado nutricional de la población latinoamericana.

En ese sentido, una alimentación saludable debe enfocarse en disminuir considerablemente el consumo de productos que tengan alta densidad calórica o con altos niveles de grasa, azúcar y sal pues constituyen factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades no transmisibles. Asimismo, se debe estimular la actividad física, es decir, un estilo de vida no sedentario que sumado a una dieta sana poco a poco disminuyan los riesgos en la salud pública que tanto afectan esta parte del mundo.

Referencias

FAO y OPS. (2016). América Latina y el Caribe. Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional. Sistemas alimentarios sostenibles para poner fin al hambre y la malnutrición. FAO y OPS. Recuperado de: http://www.fao.org/3/a-i6977s.pdf

FAO y OPS. (2017). Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe. FAO y OPS. Recuperado de: http://www.fao.org/3/a-i7914s.pdf

OCDE y FAO. (2018). Perspectivas agrícolas 2018-2027. Paris/Food and Agriculture Organization of the United Nations, Rome, https://doi.org/10.1787/agr_outlook-2018-en

Salud, Control de Calidad, Análisis de Laboratorio, Sal, Azúcar