La calidad de nuestros alimentos no es negociable

En el mundo actual tenemos cada día mayor diversificación de opciones alimentarias, por lo que si vamos al supermercado encontraremos, además de marcas nacionales, gran cantidad de opciones de productos importados.

Existe gran diversidad de consumidores, pero las tendencias actuales repuntan a que cada día los consumidores están siendo más exigentes con sus elecciones, pues valoran enormemente las características de calidad y seguridad que les puede brindar las propiedades del producto. Para este tipo de consumidores, la calidad no es negociable y ya no solo se limitan a ver la fecha de caducidad de un producto, sino que indagan su etiquetado y componentes para adecuarlo a lo saludable y a sus hábitos y necesidades de consumo. Las preferencias están influenciadas por estilos de vida más sanos y consumos más responsables y sostenibles con el ambiente.

Cada vez se observa más, sobre todo en países desarrollados, que las personas están reduciendo el consumo de azúcares, gluten, lácteos, harinas refinadas y aceites vegetales hidrogenados ante el aumento de casos de desórdenes metabólicos, alergias y reacciones inflamatorias, ya sea por recomendación médica o, incluso, por prevención. (EY 2019).

Ante esto, los consumidores que se están volviendo más selectivos y exigentes a la hora de comprar sus alimentos, son exhaustivos y minuciosos con sus elecciones, de modo que cuando encuentran lo que desean y necesitan se fidelizan con marcas y productos y asimismo los recomiendan. De tal manera, los consumidores son más exigentes porque buscan productos con plenas garantías de inocuidad y seguridad ante los contaminantes, que presenten información veraz y detallada de sus propiedades, con un etiquetado más transparente, menos procesados, con ingredientes más naturales o con una menor cantidad de ingredientes nocivos para la salud como aditivos, colorantes y conservadores.

Esto más que un obstáculo para los productores a nivel mundial e incremento en sus costos, lo deben de ver como una oportunidad de negocio y competitividad para insertarse en las opciones y elecciones de consumidores dentro de una tendencia alimentaria exigente de consumir productos sanos, seguros y de calidad.

Pero ¿qué debemos entender como calidad de un producto? Se refiere al conjunto de propiedades físicas, químicas y biológicas y la no presencia de contaminantes; y que le confieren a un producto la aptitud para satisfacer las necesidades de un consumidor. (Perigo 2006).

A nivel internacional todas estas exigencias de calidad están comprendidas en lo establecido por el Codex Alimentarius, normas referidas a la producción, elaboración y circulación de alimentos, y cuyo objetivo es asegurar la inocuidad y calidad de los mismos, proteger la salud del consumidor y promover prácticas equitativas en el comercio internacional. Constituye el patrón de referencia que tienen los países respecto a las exigencias higiénico-sanitarias, bromatológicas y de comercialización de los productos alimentarios. (Perigo 2006).

Es así como la transformación de las características y las preferencias de los consumidores han generado que las empresas reaccionen y se adapten de diversas maneras, ya que, para poder destacarse en una industria fuertemente competida, estas tendrán que definir una estrategia que les ayude a anticipar los cambios en el mercado de manera ágil, incorporando su conocimiento sobre el consumidor a los procesos de toma de decisiones y siendo flexibles para adaptarse a distintos escenarios. (EY 2019).

Y es que en un mundo cada día más consiente y preocupado por la seguridad y calidad alimentaria, los productores que no se adapten con garantizar la calidad y características seguras de sus productos se quedarán muchas veces en el olvido y podrán contraer en ocasiones problemas legales y situaciones dificultosas para su marca y posición en el mercado y estarán fuera de los grandes mercados internacionales.

Los productores y comerciantes deben estar más atentos a las cualidades de calidad y seguridad de los productos que comercian (desde la obtención de la materia prima utilizada hasta el producto final elaborado), pues la calidad incrementa el desarrollo y la diferenciación de los productos, favoreciendo el crecimiento de la competitividad.

Ante este panorama, las empresas que se adapten más rápido al cambio son las que ganan en el mercado, por lo tanto, las empresas que quieran ser competitivas en las nuevas tendencias de consumo, deben visualizar los beneficios de certificar la calidad y seguridad de sus productos.

Entendiendo que la calidad no es negociable en un mundo donde las noticias se difunden en segundos, una mala decisión en términos del control de calidad de sus producciones, puede costar el triple y puede llevar a negocios a enfrentarse a problemas legales y económicos, pues muchas veces al comerciar sus productos y no tener certeza y respaldo de las características de sus productos puede conllevar a verse expuestos a denuncias por deficiencias, fraudes e incumplimientos de normativas de calidad e inocuidad.

Referencias Bibliográficas

EY. 2019. Tendencias de consumo de la industria alimentaria. Recuperado de: https://www.ey.com/es_cr/consumer-products-retail/tendencias-de-la-industria-de-alimentos.


Gallego, A. 2013. Características de los alimentos y control de calidad. Departamento de Ciencias Analíticas. UNED España. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4696751.pdf.


Perigo, C. 2006. El control de calidad de los alimentos. herramientas para su implementación. Cátedra de Química Orgánica. Universidad Nacional de Rosario. Recuperado de: https://core.ac.uk/download/pdf/61695507.pdf.


Zegler, J. 2018. Tendencias mundiales en alimentos y bebidas para 2018. MINTEL. Recuperado de: http://www.siicex.gob.pe/siicex/documentosportal/alertas/documento/doc/277698773rad83597.pdf.

 

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Autor: Stephanie González Pérez