Presencia de colorantes en alimentos y bebidas asociados a cambios de conducta en los niños

Introducción

En los últimos decenios, se ha observado un considerable incremento en la cantidad de productos industrializados que contienen colorantes y aditivos sintéticos. Lo preocupante es que se ha identificado que varios de estos colorantes están asociados a cambios en la conducta de los niños, especialmente con un incremento de hiperactividad y falta de atención. Estos colorantes son: Rojo Allura o Rojo 40, Tartrazina o amarillo 5, amarillo ocaso o amarillo 6, rojo cochinilla, carmoisina y ponceau 4R (Bateman et al, 2004; McCann, 2007). Colores como el azul brillante y el azul 1 y 2 han sido asociados, recientemente, con diversos efectos en salud, tales como alergias y algunos tipos de cánceres, a través de modelos animales (Kobylewski y Jacobson, 2010) En la Unión Europea, en julio del 2010, se ordenó colocar una leyenda precautoria a todos los productos que contengan alguno de estos colorantes. La leyenda dice lo siguiente “éste producto contiene colorantes que se han asociado a la hiperactividad y déficit de atención de los niños” (FSA, 2010). Previamente, el gobierno del Reino Unido, a través de la Food Standards Agency, llama a las empresas a establecer una prohibición voluntaria a su uso en noviembre del 2008 (FSA, 2008). Algunas empresas respondieron a la prohibición voluntaria, pero la mayoría de las grandes empresas transnacionales se han negado. Se observa que en la medida que las autoridades exigen, la industria responde, pero mientras no haya una exigencia, la industria no hace modificaciones. Tal es el caso de Danone, que ha retirado estos colorantes de sus productos en el mercado en la Unión Europea, mientras que los mantiene donde los gobiernos no actúan, como es el caso de México.

Contexto

La polémica se desató por primera vez en los años 70s cuando el pediatra Benjamin Feingold aseguró que existía una relación entre los aditivos y la manera en la que se comportaban los pequeños. Sin embargo, en ese momento, no se llegó a ninguna conclusión definitiva.

Posteriormente se realizaron más estudios pero sólo utilizando tartrazina, comprobándose sus efectos alergénicos (Ershoff, 1977).

En pacientes sensibles, la tartrazina promueve una mayor liberación de histamina, lo cual provoca reacciones en los individuos, especialmente en los niños. En modelos animales se han observado los efectos del consumo de la tartrazina hasta en una o dos generaciones (Tanaka, 2008). Referente a los impactos que tienen otros colorantes artificiales en la conducta de los niños no habían surgido estudios contundentes, sino hasta que investigadores del Reino Unido de la Universidad de Salud Infantil del Hospital General Southampton (University Child Health Southampton General Hospital) realizaron un estudio doble ciego con niños utilizando diferentes aditivos sintéticos [tartrazina, carmoisina, rojo allura, amarillo ocaso, rojo ponceau 4R y benzoato de sodio] observando una asociación positiva a la hiperactividad y conducta de los niños (Bateman et al, 2003). El estudio de Southampton General Hospital fue de gran impacto para el mundo, ya que Bateman y cols pudieron comprobar el impacto que tienen los colorantes artificiales en la conducta de los niños. En sus conclusiones extrapolan los efectos a toda la población infantil de tres años de edad.

En el 2007, Donna McCann y cols. realizaron otro estudio, pero ahora en niños de 3 años de edad y en niños de 8 y 9 años de edad. Utilizaron la misma metodología que Bateman y colaboradores, realizando un estudio doble ciego en los niños. Ellos llegaron a las mismas conclusiones, pero extrapolando sus conclusiones a toda la población infantil. McCann y cols. comprueban que los colorantes artificiales tartrazina, carmoisina, rojo allura, amarillo ocaso, rojo ponceau 4R y el conservador benzoato de sodio tienen impactos negativos en la conducta de los niños, provocándoles hiperactividad y déficit de atención. (McCann, 2007).

Los cambios que se lograron observar tras el consumo de dichos colorantes son detectables para los padres de familia ya que son quienes conviven día y noche con sus hijos, pero los cambios de conducta no son detectables en una prueba clínica en el consultorio médico.

Con estos estudios se comprueba la clara y directa asociación que existe entre el consumo de colorantes artificiales como la tartrazina, rojo allura, amarillo ocaso, carmoisina y el benzoato de sodio como conservador y una alteración en la conducta de los niños incrementando niveles de hiperactividad y atención. Por otro lado, también se han estudiado los colorantes azul brillante o azul 1 y 2, el verde 3 y rojo 3, que aunque están certificados y aprobados por la Food and Drug Administration de los Estados Unidos, se ha observado que tienen efectos adversos en la salud (CSPI, 2010). La hiperactividad es un término generalmente utilizado para describir dificultades en el comportamiento que afectan el aprendizaje, la retención de información, el movimiento, el lenguaje, las respuestas emocionales y los patrones del sueño. El Trastorno de Déficit De Atención e Hiperactividad (TDAH) es un padecimiento crónico, es más que sólo un comportamiento hiperactivo. Sin embargo, a raíz de los estudios y hallazgos en el Hospital Southampton, investigaciones respaldadas por la Food and Sandards Agency, sugiere que el consumo de la mezcla de ciertos colorantes artificiales y el preservativo benzoato de sodio puede incrementar los grados de hiperactividad de algunos niños. Ningún estudio ha asociado el consumo de colorantes con el origen del TDAH como padecimiento crónico. Lo que se ha establecido es que el consumo de estos colorantes agudizan el problema de quienes sufren este padecimiento, además de que puede provocar hiperactividad y/o déficit de atención en niños y niñas que no sufren este padecimiento. La presencia de los colorantes sintéticos en los productos es meramente estético para hacerlos un poco más “brillantes y atractivos” y de esta forma favorecer su elección y consumo, especialmente por los niños. Si bien ya se ha demostrado ampliamente que el alto consumo de alimentos densamente energéticos, con cantidades elevadas ya sea de azúcar, grasa o sal, provocan obesidad, deterioro en los hábitos de alimentación, adicción y malnutrición en general; ahora enfrentamos otro riesgo: el impacto de estos productos en el comportamiento, especialmente de los niños y niñas.

Un estudio realizado con una población de 4000 niños en la Universidad de Bristol del Reino Unido, demostró que aquellos que tienen un mayor consumo de “comida chatarra” tienen mayor tendencia a presentar hiperactividad, aún ajustando las variables de los contenidos de azúcar presentes en los productos “chatarra”. Es decir, que el incremento en hiperactividad es debida a los componentes químicos de los productos, más que a los altos contenidos de azúcar. Si bien está demostrado que a mayor ingesta de azúcar hay un incremento en la hiperactividad entre la población infantil (Feinstein et al, 2008), también se demuestra que no es sólo el azúcar un agente contribuyente, sino la composición química en sí y los colorantes sintéticos presentes en los productos chatarra (Wiles et al, 2009). La FSA aconseja a padres de familia que si observan signos de hiperactividad en sus hijos eliminen de la dieta colorantes como amarillo ocaso, tartrazina, rojo allura, carmoisina, ponceau 4R y amarillo de quinoleína (FSA, 2010).

La mayor parte de los alimentos y bebidas procesadas industrialmente y que son dirigidos a los menores incluyen colorantes sintéticos identificados como promotores de hiperactividad y déficit de atención. La única razón para incorporar estos colorantes es volverlos más atractivos. Varios de estos productos se anuncian como saludables o recomendables para niños. Llaman la atención los productos que se ofrecen en los programas gubernamentales para contrarrestar la desnutrición en las poblaciones más vulnerables y que están dirigidos a los bebés de 6 a 24 meses, niños, niñas, mujeres embarazas y en lactancia. Las papillas que se ofrecen contienen tres de los colorantes identificados por tener asociación con trastornos en la conducta infantil. Los primeros dos años de vida son cruciales para tener un desarrollo cognitivo óptimo que no puede alcanzarse si existen alteradores de la conducta. Observamos que desde los seis meses de edad los menores ya reciben, a través de los programas gubernamentales, alimentos con colorantes sintéticos que son nocivos para la salud y, especialmente, para su conducta, lo que afecta su desarrollo cognitivo.

Conclusión

Desde hace varias décadas se ha incrementado significativamente la presencia de colorantes sintéticos derivados del petróleo en los alimentos procesados industrializados con el único objetivo de mejorar su apariencia, y, de manera especial, hacerlos más atractivos para los niños. En estudios recientes se ha demostrado que cinco de los colorantes más utilizados tienen el riesgo de generar efectos adversos en la salud provocando cambios en la conducta de los niños, aumentando la manifestación de hiperactividad y déficit de atención. Los colorantes identificados con estos efectos son: tartrazina, amarillo ocaso, rojo allura, carmoisina y rojo ponceau 4R.

Se observó que 6 de cada 10 productos contienen algún tipo de colorante que representa algún daño para la salud, casi el 60% de los productos tienen uno o más colorantes que provocan alteraciones en la conducta infantil.

Por otro lado, se observa que una gran variedad de productos de uso cotidiano contienen también dichos colorantes. Es tan común el uso de estos colorantes que inclusive se utilizan en papillas proporcionadas en algunos programas de gobierno que son dirigidas tanto para bebés como niños. Es importante que se establezca una regulación por parte de las autoridades gubernamentales, con referencia a lo que se añade a los productos alimenticios, como a lo que se vende en las escuelas ya que lo que se está permitiendo distribuir en los planteles escolares son productos de mala calidad que alteran la conducta de los niños, además de generan malos hábitos alimentarios. Al menos, debe permitirse a los consumidores ejercer su derecho a conocer el riesgo que significa el consumo de productos que contienen estos colorantes, como ocurre actualmente en el Reino Unido y la Unión Europea.


Referencias

http://www.elpoderdelconsumidor.org/wp-content/uploads/1107_Colorantes_en_productos_escuelas.pdf

México DF Alejandro Calvillo* / Xaviera Cabada ** / Angélica Guzmán*** *Licenciado en Sociología. Director general. EPC **Maestra en Ciencias. Coordinadora del Área de Salud Alimentaria. EPC ***Asistencia General. EPC

Seguridad Alimentaria